viernes, 20 de septiembre de 2019

UNIDAD II TEMAS 2 ETICA Y MORAL DEL CREYENTE


UNIDAD DIDACTICA II:   
TEMA N° 2
                                 ÉTICA Y MORAL DEL CREYENTE         

2.1     La relación entre Fe y Vida - (Enciclica  Fides et ratio de Juan Pablo II)
2.1.1.   Etapas más significativas del encuentro entre la fe y la razón
2.1.2.   Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
2.1.3.   El drama de la separación entre fe y razón

2.2.      Moral cristiana
2.2.1.   La ética y los principios morales      
2.2.2.   Ética cristiana

2.3.      Moral individual y moral social
2.3.1.   La ética y los códigos deontológicos
2.3.2.   Ética y virtudes                     
2.3.3.   Virtudes humanas y teologales        
2.3.4.   Problemas ético morales actuales


2.1.- La relación entre fe y vida - Encíclica fides et ratio  de Juan Pablo II
2.1.1.   Etapas más significativas del encuentro entre la fe y la razón
La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él.
¿Quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy? ¿por qué existe el mal? ¿qué hay después de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos sagrados de Israel, pero aparecen también en los Veda y en los Avesta; las encontramos en los escritos de Confucio e Lao-Tze y en la predicación de los Tirthankara y de Buda; asimismo se encuentran en los poemas de Homero y en las tragedias de Eurípides y Sófocles, como en los tratados de Platón y Aristóteles. (FeR 2)
El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía, que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. El término filosofía según la etimología griega significa «amor a la sabiduría». De hecho, la filosofía nació y se desarrolló desde el momento en que el hombre empezó a interrogarse sobre el porqué de las cosas y su finalidad. (F et R 3)
El ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal (FeR 4). 
La Iglesia, por su parte, aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos que hagan cada vez más digna la existencia personal. Ella ve en la filosofía el camino para conocer verdades fundamentales relativas a la existencia del hombre. Considera a la filosofía como una ayuda indispensable para profundizar la inteligencia de la fe (FeR 5).
El hombre con la luz de la razón sabe reconocer su camino, pero lo puede recorrer de forma libre, sin obstáculos y hasta el final, si con ánimo sincero fija su búsqueda en el horizonte de la fe. La razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios.
2.1.2.   Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino y la ética tiene su vinculación con las ideas agustinianas, con la teodicea cristiana de San Agustín, en la que se expone a Dios como único y omnibenevolente, que la maldad es el uso negativo que hace el hombre del libre albedrío, que la  bondad de Dios es omnipresente, siendo los pecados del hombre la causa de todo mal y el sacrificio de Jesucristo el remedio salvador de nuestros males.
Santo Tomás de Aquino, 1225-1274,  fue un intelectual conocedor de los filósofos de su tiempo y de la antigüedad, tenia predilección por Platón y su discípulo Aristóteles, por ello al estudiar a Santo Tomás de Aquino y la ética encontramos, en las obras del Aquinante, ideas que sobre este tema expusieron estos antiguos filósofos, de Platón se nota la influencia que la idea del bien, como objetivo del alma, expuso este sabio.
Santo Tomás de Aquino y la ética, en los conceptos éticos de Santo Tomás se denota la influencia de la ética de la virtudes propugnada por el filósofo griego Aristóteles, en lo que se refiere a la racionalidad y la voluntad del alma hacia la consecución de la felicidad, a través del conocimiento, sostenía Aristóteles que el ser humano al conocer la verdad, la realidad de las cosas y el contexto donde se vive, este tiende a dominar su irracionalidad.
Sin embargo encontramos, en Santo Tomás de Aquino y la ética del Aquinante, un rechazo al apego elitista de la moral de los filósofos antiguos al excluir estos a vastos sectores sociales, y plantear ideas que no son compatibles con la ética de la doctrina cristiana que es personalista e incluyente, amar al prójimo, por ello Santo Tomás toma los aspectos de estos filósofos referidos práctica del bien común como virtud de la felicidad social.
La sumisión de la voluntad humana a la Gracia Divina, por medio de la cual se consigue la salvación eterna, es el pilar donde Santo Tomás de Aquino y la ética que él propone tienen su fundamento. La ley moral natural que expone es una ley evidente, universal e inmutable que nos señala lo que es bueno y lo que es malo en forma natural, por medio de la cual los hechos de la conducta del ser humano se configuran para conseguir el bien común.
Santo Tomás de Aquino y la ética, que él expone, es una ética basada en el amor y consecuente con los principios del catolicismo, en su ética hace la diferenciación de dos tipos de verdades, la de fe cristiana y la de la razón, y permite la voluntad de juzgar moralmente de acuerdo a las directrices de Dios, señala que las virtudes son aptitudes adquiridas e indica que estas son siete de ellas cuatros son de orden natural y tres de orden sobrenatural.
En Santo Tomás de Aquino y la ética, las cuatros virtudes naturales se refieren a tener templanza en cuanto a disfrutar de los placeres, fortaleza sin caer en la cobardía o la temeridad, justicia para saber relacionarse,  y la prudencia para saber elegir entre lo bueno y lo malo, y es una virtud que consideraba necesaria en la política y en la aplicación de la ley positiva, y señalaba que se debe adquirir el hábito moral con la buenas acciones.
Las virtudes sobrenaturales que se indican en Santo Tomás de Aquino y la ética, son la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que son enunciadas en los mandamientos de la iglesia católica, y practicadas por sus clérigos y por quienes son devotos verdaderos del catolicismo, son estas tres virtudes, junto con el amor  a Dios y al prójimo, que Santo Tomás de Aquino identifica como fundamentales en la ética del cristianismo.
En referencia a Santo Tomas de Aquino y la ética sus conceptos éticos están basados en la ética del cristianismo, que es el cumplir con fidelidad la ley divina, el amor a Dios, las normas expresadas en la biblia, que conducen al ser humano a la perfección moral y consecuente salvación de su alma al practicar el bien. La ley natural expuesta por Santo Tomás expresa que esta es el fundamento de la razón y de los deberes naturales del hombre.
La escolástica, que enseña las coincidencias de la razón y la fe, tiene en Santo Tomas de Aquino y la ética, y sus demás obras, como la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles, piezas fundamentales en la que se basa su filosofía intelectual, moral y ética, que tiene una clara influencia en el pensamiento teológico actual, y por lo fue declarado Doctor de la Iglesia, de la humanidad, y es considerado el santo patrono de la universidades católicas.
2.1.3.   El drama de la separación entre fe y razón
Según el testimonio de los Hechos de los Apóstoles, el anuncio cristiano tuvo que confrontarse desde el inicio con las corrientes filosóficas de la época. Ciertamente esto no era casual. Los primeros cristianos para hacerse comprender por los paganos no podían referirse sólo a «Moisés y los profetas»; debían también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y en la voz de la conciencia moral de cada hombre. En la historia de este proceso es posible verificar la recepción crítica del pensamiento filosófico por parte de los pensadores cristianos. Este nuevo pensamiento cristiano que se estaba desarrollando hacía uso de la filosofía, pero al mismo tiempo tendía a distinguirse claramente de ella. Un puesto singular en este largo camino corresponde a Santo Tomás de Aquino, pues tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe.
Argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse entre sí. Más radicalmente, Tomás reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión de la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella. Aun señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el Doctor Angélico no ha olvidado el valor de su carácter racional; sino que ha sabido profundizar y precisar este sentido. Precisamente por este motivo la Iglesia ha propuesto siempre a Santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología. Con la aparición de las primeras universidades, la teología se confrontaba más directamente con otras formas de investigación y del saber científico. San Alberto Magno y Santo Tomás, aun manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación. Sin embargo, a partir de la baja Edad Media la legítima distinción entre los dos saberes se transformó progresivamente en una nefasta separación. Debido al excesivo ‘espíritu racionalista’ de algunos pensadores, se radicalizaron las posturas, llegándose de hecho a una filosofía separada y absolutamente autónoma respecto a los contenidos de la fe. Las radicalizaciones más influyentes son conocidas y bien visibles, sobre todo en la historia de Occidente. No es exagerado afirmar que buena parte del pensamiento filosófico moderno se ha desarrollado alejándose progresivamente de la Revelación cristiana, hasta llegar a contraposiciones explícitas. En el siglo pasado, algunos representantes del idealismo intentaron de diversos modos transformar la fe y sus contenidos, incluso el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, en estructuras dialécticas concebibles racionalmente. A este pensamiento se opusieron diferentes formas de humanismo ateo, elaboradas filosóficamente, que presentaron la fe como nociva y alienante para el desarrollo de la plena racionalidad. Además, como consecuencia de la crisis del racionalismo, ha cobrado entidad el nihilismo. Como «filosofía de la nada», logra tener cierto atractivo entre nuestros contemporáneos. Sus seguidores teorizan sobre la investigación como fin en sí misma, sin esperanza ni posibilidad alguna de alcanzar la meta de la verdad.
El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional. Por otra parte, no debe olvidarse que en la cultura moderna ha cambiado el papel mismo de la filosofía. De sabiduría y saber universal, se ha ido reduciendo progresivamente a una de tantas parcelas del saber humano; más aún, en algunos aspectos se la ha limitado a un papel del todo marginal. Mientras, otras formas de racionalidad se han ido afirmando cada vez con mayor relieve, destacando el carácter marginal del saber filosófico. Estas formas de racionalidad, en vez de tender a la contemplación de la verdad y a la búsqueda del fin último y del sentido de la vida, están orientadas como «razón instrumental» al servicio de fines utilitaristas, de placer o de poder. En este último período de la historia de la filosofía se constata, pues, una progresiva separación entre la fe y la razón filosófica que exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser.

 2.2 Moral cristiana
2.2.1.   La ética y los principios morales    
En ningún tipo de educación pueden estar ausentes los principios morales. Entre los valores permanecen aquellos que han sido puestos a prueba a lo largo de su difícil y dolorosa historia. La sociedad entera practicó los valores de la solidaridad y la responsabilidad; hay otros que se mantienen en pie como son los valores de la dignidad humana y la tolerancia, en contraste con el hedonismo, la mercantilización de los bienes espirituales, la xenofobia y el racismo que corroen a algunas sociedades.
La moral surge cuando el hombre deja su naturaleza puramente natural y adquiere una de carácter social, cuando forma parte de una colectividad. La moral y la religión tienen una relación en la medida que puedan coincidir, en esta medida, las religiones se preocupan por moralizar al hombre. Se puede decir que las religiones contienen implícita o explícitamente un código moral. Los valores morales surgen en el seno de la familia y son expresión de la moral social; son valores como el respeto, tolerancia, honestidad, lealtad, trabajo, responsabilidad entre otros.
Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en la vida del ser humano como ser los padres, hermanos, parientes, amistades y grupos e individualidades que tienen alguna ascendencia en su vida.
La ética es a la moral lo que la teoría es a la práctica; la moral es un tipo de conducta, la ética es una reflexión filosófica. Si por moral hay que entender el conjunto de normas o costumbres (mores) que rigen la conducta de una persona para que pueda considerarse buena, la ética es la reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué se fundamentan los denominados juicios morales. Desde el punto de vista de la moral, hay que tomar una decisión práctica; desde el punto de vista de la ética, ha de formarse la conciencia en el hábito de saber decidir moralmente. En ambos casos, se trata de una tarea de fundamentación moral.
La ética se encuentra con una experiencia histórico-social en el terreno de la moral, o sea, con una serie de morales efectivas ya dadas, y partiendo de ellas trata de establecer la esencia de la moral, su origen, las condiciones objetivas y subjetivas del acto moral.
2.2.2.   Ética cristiana
El advenimiento del cristianismo en el mundo grecorromano implicó una revolución en las normativas éticas que por entonces gobernaban el pensamiento de los hombres. Cuando Pablo visitó Atenas fue atentamente escuchado por representantes de dos escuelas enfrentadas: los epicúreos y los estoicos.
A partir del libro de los Hechos observamos que la lucha constante de los apóstoles fue que los principios éticos establecidos por Jesús y las Escrituras fueran respetados en las Iglesias de Cristo. Con cuanta vergüenza e indignación el apóstol Pablo reprochó a los hermanos de Corinto por permitir en su seno un caso de inmoralidad tal que hasta entre los paganos hubiera sido mal visto (1 Co.5:1). Otro ejemplo de los elevados principios difundidos por el Nuevo Testamento consta en los requisitos impuestos a los ancianos de la congregación. El énfasis era puesto en la conducta irreprochable que les debía caracterizar. Sólo hombres intachables podrían enseñar a guardar los mandatos de Dios.
La ética cristiana descansa sobre la revelación Biblia acerca de la naturaleza, la justicia y el amor de Dios. Su grandeza se debe a la inmensidad de Dios. Fundamentar normas de conducta prescindiendo de Dios sólo conduce al desenfreno. 
La dignidad del hombre descansa, según la Biblia, en el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Su miseria en haber caído en el pecado. Estos son dos puntos fundamentales de la doctrina bíblica brindan un sustento primordial a la ética cristiana. 
2.3 Moral individual y moral social
2.3.1.   La ética y los códigos deontológicos         
El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, ya que es fundamental para lograr una armoniosa interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido el respeto debe ser mutuo y nacer de un sentimiento de reciprocidad.
La deontología se refiere a un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también bajo el nombre de “teoría del deber” y, al lado de la axiología, es una de las dos ramas principales de la ética normativa.
Los primeros códigos deontológicos se aplicaron después de la segunda guerra mundial luego de ver las atrocidades que los profesionales de la salud (médicos principalmente) aplicaban con las personas justificándose en el ejercicio de la investigación, pero que tampoco tenían ningún tipo de regulación ni control, es así como durante la guerra fría se comienza a estudiar y aplicar la deontología en Europa.
Existe otra rama, denominada Teleología, que define el obrar éticamente como aquella actitud o comportamiento que contempla el bien para la mayoría, determinando qué es correcto y qué no lo es en función del resultado a alcanzar, pues la Teleología es el tratado sobre el fin, de ahí que el fin último solo es correcto en cuanto sea un bien para todos, sin distinción alguna, ni acepción entre las personas.
2.3.2.   Ética y virtudes.
Cómo hacer bien y a quién, es la verdadera cuestión ética. Nuestro encuentro con Dios no se realiza en la iglesia solamente, sino en la vida cotidiana y el Espíritu Santo no es controlable. Nos afecta la conciencia decidiendo, trabajando, y nos interesa su función más que la facultad. “Hay que decir la verdad”, “hay que respetar la vida” es una máxima pero no regla. Las acciones son buenas o malas según si esas acciones ayudan o perjudican. Pero a veces lo que es bueno en un caso puede ser malo en otro, según las circunstancias.
CONCEPTO DE VIRTUD
·         La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien”.
·         “La virtud es un hábito operativo bueno”.
El concepto de virtud entraña dos cosas:
·         un “hábito” y, por tanto, una constante disposición para ejercer el bien.
·         que ese hábito sea sólido, o sea “firme”.
Diferencia entre virtud y costumbre: 
·         La costumbre puede ser rutinaria. Un mero reflejo corporal o psicológico
·         La virtud es buscada, y en adquirirla se vuelca la persona entera.
·         La costumbre se repite de modo casi mecánico.
·         La Virtud empeña la persona en cada acción.
·         La costumbre puede incluir un vicio o habito operativo malo.
·         La virtud sólo incluye hábitos buenos al actuar
Importancia  de la virtud  en la teología Moral
-          Suponer una opción fundamental  por Dios
-          Nos facilita  alcanzar  una existencia cristiana
-          Nos facilita el ejercicio  de la libertad
-          Impide  que la persona  se  deje  llevar  por la espontaneidad  y el actuar  instintivo
-          Ayuda a la persona  adquirir la perfección que le corresponde
-          Nos distancia  de la carga  de malicia  y la debilidad  que conlleva  el cometer pecado
    
Según la ética deontológica, el sentido del deber caracteriza al yo responsable. Pero ante los dilemas morales el yo responsable debe actuar en base a la libertad. Hay que admitirla como necesaria. Si no existiera la libertad, el hombre no podría ejercitar la voluntad y cumplir el deber, por lo tanto, no existiría la acción moral. Debe saberse que el bien supremo se realizará en otra vida, no en esta, pero en esta, es necesario buscarlo. Para ello, es necesario admitir la existencia de Dios, porque necesitamos de un ser que pueda ejemplarizar la moralidad perfecta y conceder la felicidad suprema, inalcanzable para el hombre sin la gracia divina.
2.3.3.   Virtudes humanas y teologales
VIRTUDES NATURALES: o adquiridas, llamadas tambien virtudes humanas. Pueden dividirse en intelectuales y morales, clásicas o cardinales.
VIRTUDES SOBRENATURALES: También denominadas infusas, porque no  se adquieren mediante el esfuerzo humano sino que son dadas por Dios. Son las llamadas virtudes teologales. Los dones del Espíritu Santo son también infusos.

Hay dos clases de virtudes: las virtudes humanas o morales y las teologales o sobrenaturales
Las virtudes humanas, llamadas también virtudes morales, son disposiciones estables del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe.
·         Las virtudes humanas se denominan también “adquiridas”, pues se adquieren mediante el esfuerzo humano, siempre bajo el impulso de la ayuda divina.
·         Regulan los actos mediante el dominio del instinto y los hacen coherentes con la naturaleza racional de la persona.
·         Dan a la persona un equilibrio y una disposición para obrar el bien y evitar el mal
¿Cuáles son estas virtudes humanas?
·         La prudencia es la virtud que dispone de razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo.
·         La justicia es la virtud que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.
·         La fortaleza es la virtud que asegura la firmes y la constancia en la práctica del bien, aun en las dificultades. La templanza es la virtud que modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados.

¿Cuáles son las virtudes teologales? Las tres virtudes teologales son infusas por Dios en nuestra alma: Fe, esperanza y caridad.
·         La fe es la virtud teologal por la cual creemos en Dios, en todo lo que Él nos ha revelado y que la Santa Iglesia nos enseña como objeto de fe.
·         La esperanza es la virtud teologal por la cual deseamos y esperamos de Dios, con una firme confianza, la vida eterna y las gracias para merecerla, porque Dios nos lo ha prometido.
·         La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios, con el amor filial y fraterno que Cristo nos ha mandado.
Problemas ético morales actuales. Un tema actual y preocupante es del derecho a la vida estamos haciendo referencia ni más ni menos que al derecho más primordial con el que cuenta todo ser humano (y también todo ser vivo) a vivir, desde el mismo momento en que comienza a existir o a tomar forma (es decir, independientemente de que haya nacido o no). El derecho a la vida es uno de los derechos de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, por lo cual respetar y cumplir en todos los casos con él es de suma importancia para el bien de la sociedad.
LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE dice al respecto como antecedente: Los cambios que se han producido son, en efecto, notables y de diversa índole. Se trata, ante todo, del rápido desarrollo demográfico. Muchos manifiestan el temor de que la población mundial aumente más rápidamente que las reservas de que dispone, con creciente angustia para tantas familias y pueblos en vía de desarrollo, siendo grande la tentación de las autoridades de oponer a este peligro medidas radicales. 
Añade que “el matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas”.
La Iglesia, sin embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial (quilibet matrimonii usus) debe quedar abierto a la transmisión de la vida y señala concretamente en el artículo 14 que “debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente procurado, aunque sea por razones terapéuticas”.
2.3.4.   Problemas ético morales actuales
La eutanasia. Tradicionalmente se ha planteado el problema de la eutanasia como un conflicto entre la vida como un valor en sí o un valor subordinado a ciertas condiciones mínimas de bienestar —resumidas en conceptos como “calidad de vida”, “vida digna” o “vida humana” —, es decir, entre lo que podría llamarse el valor absoluto de la vida o valor subordinado de la vida. 
Asimismo, también se le ha planteado como un conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la libre decisión. Para dirimir hasta qué punto el conflicto de valores y derechos es relevante para ofrecer una solución al problema, es necesario distinguir las varias formas en que puede tener lugar la eutanasia, a saber:
1.      Eutanasia voluntaria (manifestación explícita del paciente de su deseo de morir).
2.      Eutanasia involuntaria (falta de la manifestación explícita del deseo de morir por parte del paciente.
3.      Eutanasia activa (provocar la muerte por el agente).
4.      Eutanasia pasiva (dejar morir al paciente).

El término eutanasia viene de eu thánatos: bien muerte, buena muerte, morir bien. Sin embargo, tiene un significado más específico que es procurar la muerte sin dolor a aquellos que sufren. Este significado es muy amplio y aquí entrarían desde el asesinato al niño que nace disminuido hasta la colaboración en el suicidio de alguien que sufre, desde la eliminación del anciano hasta la abstención del tratamiento para no alargar una agonía sin esperanza. Cada uno de estos casos recibiría un juicio ético distinto; pero cuando uno escucha debates o lee nuestros periódicos ve que hay una confusión de ideas bastante grande.
¿Qué dice la iglesia frente a esta corriente?
La eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio.
Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala...Bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: “Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir”.

-          El aborto
-          Matrimonio entre personas del mismo sexo
-          La clonación humana
-          La prostitución
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