UNIDAD DIDACTICA II:
TEMA N° 2
ÉTICA
Y MORAL DEL CREYENTE
2.1 La relación entre Fe y Vida -
(Enciclica Fides et ratio de Juan Pablo
II)
2.1.1. Etapas más significativas del encuentro entre la fe y la razón
2.1.2. Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
2.1.3. El drama de la separación entre fe y razón
2.2. Moral
cristiana
2.2.1. La
ética y los principios morales
2.2.2. Ética cristiana
2.3. Moral
individual y moral social
2.3.1. La
ética y los códigos deontológicos
2.3.2. Ética
y virtudes
2.3.3. Virtudes
humanas y teologales
2.3.4. Problemas ético morales actuales
2.1.- La relación entre fe y vida - Encíclica fides et ratio de Juan Pablo II
2.1.1. Etapas más
significativas del encuentro entre la fe y la razón
La fe y la razón
(Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano
se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del
hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él.
¿Quién soy?
¿de dónde vengo y a dónde voy? ¿por qué existe el mal? ¿qué
hay después de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos en los
escritos sagrados de Israel, pero aparecen también en los Veda y en los Avesta;
las encontramos en los escritos de Confucio e Lao-Tze y en la predicación de
los Tirthankara y de Buda; asimismo se encuentran en los poemas de Homero y en
las tragedias de Eurípides y Sófocles, como en los tratados de Platón y
Aristóteles. (FeR 2)
El hombre tiene
muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede
hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía,
que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida
y a trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas
más nobles de la humanidad. El término filosofía según la etimología griega
significa «amor a la sabiduría». De hecho, la filosofía nació y se desarrolló
desde el momento en que el hombre empezó a interrogarse sobre el porqué de las
cosas y su finalidad. (F et R 3)
El ser humano se
sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes
con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al
descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el
hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una
existencia verdaderamente personal (FeR 4).
La Iglesia, por
su parte, aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos que hagan
cada vez más digna la existencia personal. Ella ve en la filosofía el camino
para conocer verdades fundamentales relativas a la existencia del hombre. Considera
a la filosofía como una ayuda indispensable para profundizar la inteligencia de
la fe (FeR 5).
El hombre con la
luz de la razón sabe reconocer su camino, pero lo puede recorrer de forma
libre, sin obstáculos y hasta el final, si con ánimo sincero fija su búsqueda
en el horizonte de la fe. La razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin
que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a sí
mismo, al mundo y a Dios.
2.1.2. Novedad
perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino y
la ética tiene su vinculación con las ideas agustinianas, con la teodicea
cristiana de San Agustín, en la que se expone a Dios como único y
omnibenevolente, que la maldad es el uso negativo que hace el hombre del libre
albedrío, que la bondad de Dios es
omnipresente, siendo los pecados del hombre la causa de todo mal y el
sacrificio de Jesucristo el remedio salvador de nuestros males.
Santo Tomás de Aquino,
1225-1274, fue un intelectual conocedor
de los filósofos de su tiempo y de la antigüedad, tenia predilección por Platón
y su discípulo Aristóteles, por ello al estudiar a Santo Tomás de Aquino y la
ética encontramos, en las obras del Aquinante, ideas que sobre este tema expusieron
estos antiguos filósofos, de Platón se nota la influencia que la idea del bien,
como objetivo del alma, expuso este sabio.
Santo Tomás de Aquino y
la ética, en los conceptos éticos de Santo Tomás se denota la influencia de la
ética de la virtudes propugnada por el filósofo griego Aristóteles, en lo que
se refiere a la racionalidad y la voluntad del alma hacia la consecución de la
felicidad, a través del conocimiento, sostenía Aristóteles que el ser humano al
conocer la verdad, la realidad de las cosas y el contexto donde se vive, este
tiende a dominar su irracionalidad.
Sin embargo encontramos,
en Santo Tomás de Aquino y la ética del Aquinante, un rechazo al apego elitista
de la moral de los filósofos antiguos al excluir estos a vastos sectores sociales,
y plantear ideas que no son compatibles con la ética de la doctrina cristiana
que es personalista e incluyente, amar al prójimo, por ello Santo Tomás toma
los aspectos de estos filósofos referidos práctica del bien común como virtud
de la felicidad social.
La sumisión de la
voluntad humana a la Gracia Divina, por medio de la cual se consigue la
salvación eterna, es el pilar donde Santo Tomás de Aquino y la ética que él
propone tienen su fundamento. La ley moral natural que expone es una ley
evidente, universal e inmutable que nos señala lo que es bueno y lo que es malo
en forma natural, por medio de la cual los hechos de la conducta del ser humano
se configuran para conseguir el bien común.
Santo Tomás de Aquino y
la ética, que él expone, es una ética basada en el amor y consecuente con los
principios del catolicismo, en su ética hace la diferenciación de dos tipos de
verdades, la de fe cristiana y la de la razón, y permite la voluntad de juzgar
moralmente de acuerdo a las directrices de Dios, señala que las virtudes son
aptitudes adquiridas e indica que estas son siete de ellas cuatros son de orden
natural y tres de orden sobrenatural.
En Santo Tomás de Aquino
y la ética, las cuatros virtudes naturales se refieren a tener templanza en
cuanto a disfrutar de los placeres, fortaleza sin caer en la cobardía o la
temeridad, justicia para saber relacionarse,
y la prudencia para saber elegir entre lo bueno y lo malo, y es una
virtud que consideraba necesaria en la política y en la aplicación de la ley
positiva, y señalaba que se debe adquirir el hábito moral con la buenas
acciones.
Las virtudes
sobrenaturales que se indican en Santo Tomás de Aquino y la ética, son la fe,
la esperanza y la caridad, virtudes que son enunciadas en los mandamientos de
la iglesia católica, y practicadas por sus clérigos y por quienes son devotos
verdaderos del catolicismo, son estas tres virtudes, junto con el amor a Dios y al prójimo, que Santo Tomás de
Aquino identifica como fundamentales en la ética del cristianismo.
En referencia a Santo
Tomas de Aquino y la ética sus conceptos éticos están basados en la ética del
cristianismo, que es el cumplir con fidelidad la ley divina, el amor a Dios,
las normas expresadas en la biblia, que conducen al ser humano a la perfección
moral y consecuente salvación de su alma al practicar el bien. La ley natural
expuesta por Santo Tomás expresa que esta es el fundamento de la razón y de los
deberes naturales del hombre.
La escolástica, que
enseña las coincidencias de la razón y la fe, tiene en Santo Tomas de Aquino y
la ética, y sus demás obras, como la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles,
piezas fundamentales en la que se basa su filosofía intelectual, moral y ética,
que tiene una clara influencia en el pensamiento teológico actual, y por lo fue
declarado Doctor de la Iglesia, de la humanidad, y es considerado el santo
patrono de la universidades católicas.
2.1.3. El drama de
la separación entre fe y razón
Según
el testimonio de los Hechos de los Apóstoles, el anuncio cristiano tuvo que confrontarse
desde el inicio con las corrientes filosóficas de la época. Ciertamente esto no
era casual. Los primeros cristianos para hacerse comprender por los paganos no
podían referirse sólo a «Moisés y los profetas»; debían también apoyarse en el
conocimiento natural de Dios y en la voz de la conciencia moral de cada hombre.
En la historia de este proceso es posible verificar la recepción crítica del
pensamiento filosófico por parte de los pensadores cristianos. Este nuevo
pensamiento cristiano que se estaba desarrollando hacía uso de la filosofía,
pero al mismo tiempo tendía a distinguirse claramente de ella. Un puesto
singular en este largo camino corresponde a Santo Tomás de Aquino, pues tuvo el
gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe.
Argumentaba
que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no
pueden contradecirse entre sí. Más radicalmente, Tomás reconoce que la
naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión de
la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y
confía en ella. Aun señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el
Doctor Angélico no ha olvidado el valor de su carácter racional; sino que ha
sabido profundizar y precisar este sentido. Precisamente por este motivo la
Iglesia ha propuesto siempre a Santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo
del modo correcto de hacer teología. Con la aparición de las primeras
universidades, la teología se confrontaba más directamente con otras formas de
investigación y del saber científico. San Alberto Magno y Santo Tomás, aun
manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los
primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias
necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación.
Sin embargo, a partir de la baja Edad Media la legítima distinción entre los
dos saberes se transformó progresivamente en una nefasta separación. Debido al
excesivo ‘espíritu racionalista’ de algunos pensadores, se radicalizaron las
posturas, llegándose de hecho a una filosofía separada y absolutamente autónoma
respecto a los contenidos de la fe. Las radicalizaciones más influyentes son
conocidas y bien visibles, sobre todo en la historia de Occidente. No es
exagerado afirmar que buena parte del pensamiento filosófico moderno se ha
desarrollado alejándose progresivamente de la Revelación cristiana, hasta
llegar a contraposiciones explícitas. En el siglo pasado, algunos representantes
del idealismo intentaron de diversos modos transformar la fe y sus contenidos,
incluso el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, en estructuras
dialécticas concebibles racionalmente. A este pensamiento se opusieron
diferentes formas de humanismo ateo, elaboradas filosóficamente, que
presentaron la fe como nociva y alienante para el desarrollo de la plena
racionalidad. Además, como consecuencia de la crisis del racionalismo, ha
cobrado entidad el nihilismo. Como «filosofía de la nada», logra tener cierto
atractivo entre nuestros contemporáneos. Sus seguidores teorizan sobre la
investigación como fin en sí misma, sin esperanza ni posibilidad alguna de
alcanzar la meta de la verdad.
El
nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe
asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional. Por
otra parte, no debe olvidarse que en la cultura moderna ha cambiado el papel
mismo de la filosofía. De sabiduría y saber universal, se ha ido reduciendo progresivamente
a una de tantas parcelas del saber humano; más aún, en algunos aspectos se la
ha limitado a un papel del todo marginal. Mientras, otras formas de
racionalidad se han ido afirmando cada vez con mayor relieve, destacando el
carácter marginal del saber filosófico. Estas formas de racionalidad, en vez de
tender a la contemplación de la verdad y a la búsqueda del fin último y del
sentido de la vida, están orientadas como «razón instrumental» al servicio de
fines utilitaristas, de placer o de poder. En este último período de la
historia de la filosofía se constata, pues, una progresiva separación entre la
fe y la razón filosófica que exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que
tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La
razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos
secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La
fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia,
corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar
que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en
el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una
razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la
mirada hacia la novedad y radicalidad del ser.
2.2 Moral cristiana
2.2.1. La ética y los
principios morales
En ningún tipo de educación pueden
estar ausentes los principios morales. Entre los valores permanecen aquellos
que han sido puestos a prueba a lo largo de su difícil y dolorosa historia. La
sociedad entera practicó los valores de la solidaridad y la responsabilidad;
hay otros que se mantienen en pie como son los valores de la dignidad humana y
la tolerancia, en contraste con el hedonismo, la mercantilización de los bienes
espirituales, la xenofobia y el racismo que corroen a algunas sociedades.
La moral surge cuando el hombre
deja su naturaleza puramente natural y adquiere una de carácter social, cuando
forma parte de una colectividad. La moral y la religión tienen una relación en
la medida que puedan coincidir, en esta medida, las religiones se preocupan por
moralizar al hombre. Se puede decir que las religiones contienen implícita o
explícitamente un código moral. Los valores morales surgen en el seno de la
familia y son expresión de la moral social; son valores como el respeto,
tolerancia, honestidad, lealtad, trabajo, responsabilidad entre otros.
Para que se dé esta transmisión de
valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas
significativas en la vida del ser humano como ser los padres, hermanos,
parientes, amistades y grupos e individualidades que tienen alguna ascendencia
en su vida.
La ética es a la moral lo que la
teoría es a la práctica; la moral es un tipo de conducta, la ética es una
reflexión filosófica. Si por moral hay que entender el conjunto de normas o
costumbres (mores) que rigen la conducta de una persona para que pueda
considerarse buena, la ética es la reflexión racional sobre qué se entiende por
conducta buena y en qué se fundamentan los denominados juicios morales. Desde
el punto de vista de la moral, hay que tomar una decisión práctica; desde el
punto de vista de la ética, ha de formarse la conciencia en el hábito de saber
decidir moralmente. En ambos casos, se trata de una tarea de fundamentación
moral.
La ética se encuentra con una
experiencia histórico-social en el terreno de la moral, o sea, con una serie de
morales efectivas ya dadas, y partiendo de ellas trata de establecer la esencia
de la moral, su origen, las condiciones objetivas y subjetivas del acto moral.
2.2.2. Ética cristiana
El advenimiento del
cristianismo en el mundo grecorromano implicó una revolución en las normativas
éticas que por entonces gobernaban el pensamiento de los hombres. Cuando Pablo
visitó Atenas fue atentamente escuchado por representantes de dos escuelas
enfrentadas: los epicúreos y los estoicos.
A partir del libro de los
Hechos observamos que la lucha constante de los apóstoles fue que los
principios éticos establecidos por Jesús y las Escrituras fueran respetados en
las Iglesias de Cristo. Con cuanta vergüenza e indignación el apóstol Pablo
reprochó a los hermanos de Corinto por permitir en su seno un caso de
inmoralidad tal que hasta entre los paganos hubiera sido mal visto (1 Co.5:1).
Otro ejemplo de los elevados principios difundidos por el Nuevo Testamento
consta en los requisitos impuestos a los ancianos de la congregación. El
énfasis era puesto en la conducta irreprochable que les debía caracterizar.
Sólo hombres intachables podrían enseñar a guardar los mandatos de Dios.
La ética cristiana descansa
sobre la revelación Biblia acerca de la naturaleza, la justicia y el amor de
Dios. Su grandeza se debe a la inmensidad de Dios. Fundamentar normas de
conducta prescindiendo de Dios sólo conduce al desenfreno.
La dignidad del hombre
descansa, según la Biblia, en el hecho de haber sido creado a imagen y
semejanza de Dios. Su miseria en haber caído en el pecado. Estos son dos puntos
fundamentales de la doctrina bíblica brindan un sustento primordial a la ética
cristiana.
2.3 Moral individual y moral social
2.3.1. La ética y los códigos
deontológicos
El respeto es uno de los valores morales más
importantes del ser humano, ya que es fundamental para lograr una armoniosa
interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que
para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al
otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido el respeto debe
ser mutuo y nacer de un sentimiento de reciprocidad.
La deontología se refiere a
un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los
profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también
bajo el nombre de “teoría del deber” y, al lado de la axiología, es una de
las dos ramas principales de la ética normativa.
Los primeros códigos
deontológicos se aplicaron después de la segunda guerra mundial luego de ver
las atrocidades que los profesionales de la salud (médicos principalmente)
aplicaban con las personas justificándose en el ejercicio de la investigación,
pero que tampoco tenían ningún tipo de regulación ni control, es así como
durante la guerra fría se comienza a estudiar y aplicar la deontología en
Europa.
Existe otra rama,
denominada Teleología, que define el obrar éticamente como aquella actitud
o comportamiento que contempla el bien para la mayoría, determinando qué es
correcto y qué no lo es en función del resultado a alcanzar, pues la Teleología
es el tratado sobre el fin, de ahí que el fin último solo es correcto en cuanto
sea un bien para todos, sin distinción alguna, ni acepción entre las personas.
2.3.2. Ética y virtudes.
Cómo hacer bien y a quién, es la verdadera
cuestión ética. Nuestro encuentro con Dios no se realiza en la iglesia
solamente, sino en la vida cotidiana y el Espíritu Santo no es controlable. Nos
afecta la conciencia decidiendo, trabajando, y nos interesa su función más que
la facultad. “Hay que decir la verdad”, “hay que respetar la vida” es una
máxima pero no regla. Las acciones son buenas o malas según si esas acciones
ayudan o perjudican. Pero a veces lo que es bueno en un caso puede ser malo en
otro, según las circunstancias.
CONCEPTO DE VIRTUD
·
La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien”.
·
“La virtud es un hábito operativo bueno”.
El concepto de virtud
entraña dos cosas:
·
un “hábito” y, por tanto, una constante disposición para ejercer el bien.
·
que ese hábito sea sólido, o sea “firme”.
Diferencia entre virtud y costumbre:
·
La
costumbre puede ser rutinaria. Un mero reflejo corporal o psicológico
·
La
virtud es buscada, y en adquirirla se vuelca la persona entera.
·
La
costumbre se repite de modo casi mecánico.
·
La
Virtud empeña la persona en cada acción.
·
La
costumbre puede incluir un vicio o habito operativo malo.
·
La
virtud sólo incluye hábitos buenos al actuar
Importancia
de la virtud en la teología Moral
-
Suponer
una opción fundamental por Dios
-
Nos
facilita alcanzar una existencia cristiana
-
Nos
facilita el ejercicio de la libertad
-
Impide que la persona se
deje llevar por la espontaneidad y el actuar
instintivo
-
Ayuda
a la persona adquirir la perfección que
le corresponde
-
Nos
distancia de la carga de malicia
y la debilidad que conlleva el cometer pecado
Según la ética deontológica, el sentido del
deber caracteriza al yo responsable. Pero ante los dilemas morales el yo
responsable debe actuar en base a la libertad. Hay que admitirla como
necesaria. Si no existiera la libertad, el hombre no podría ejercitar la
voluntad y cumplir el deber, por lo tanto, no existiría la acción moral. Debe
saberse que el bien supremo se realizará en otra vida, no en esta, pero en
esta, es necesario buscarlo. Para ello, es necesario admitir la existencia de
Dios, porque necesitamos de un ser que pueda ejemplarizar la moralidad perfecta
y conceder la felicidad suprema, inalcanzable para el hombre sin la gracia
divina.
2.3.3. Virtudes humanas y
teologales
VIRTUDES NATURALES: o
adquiridas, llamadas tambien virtudes humanas. Pueden dividirse en
intelectuales y morales, clásicas o cardinales.
VIRTUDES SOBRENATURALES:
También denominadas infusas, porque no
se adquieren mediante el esfuerzo humano sino que son dadas por Dios.
Son las llamadas virtudes teologales. Los dones del Espíritu Santo son también
infusos.
Hay dos clases de virtudes: las virtudes humanas o morales y las teologales
o sobrenaturales
Las virtudes humanas,
llamadas también virtudes morales, son disposiciones estables del entendimiento
y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían
nuestra conducta según la razón y la fe.
·
Las
virtudes humanas se denominan también “adquiridas”, pues se adquieren mediante
el esfuerzo humano, siempre bajo el impulso de la ayuda divina.
·
Regulan
los actos mediante el dominio del instinto y los hacen coherentes con la
naturaleza racional de la persona.
·
Dan
a la persona un equilibrio y una disposición para obrar el bien y evitar el mal
¿Cuáles son estas
virtudes humanas?
·
La prudencia es la virtud que dispone de
razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero
bien y elegir los medios justos para
realizarlo.
·
La justicia es la virtud que consiste en
la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es
debido.
·
La fortaleza es la virtud que asegura la
firmes y la constancia en la
práctica del bien, aun en las dificultades. La templanza es la virtud que modera
la atracción hacia los placeres sensibles
y procura la moderación en el uso de los bienes creados.
¿Cuáles son las
virtudes teologales?
Las tres virtudes teologales son infusas por
Dios en nuestra alma: Fe, esperanza y caridad.
·
La fe es la virtud teologal por la
cual creemos en Dios, en todo lo que Él nos ha revelado y que la Santa Iglesia
nos enseña como objeto de fe.
·
La esperanza es la virtud teologal por la
cual deseamos y esperamos de Dios, con una firme confianza, la vida eterna y
las gracias para merecerla, porque Dios nos lo ha prometido.
·
La caridad es la virtud teologal por la
cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros
mismos por amor de Dios, con el amor filial y fraterno que Cristo nos ha
mandado.
Problemas
ético morales actuales.
Un tema actual y preocupante es del derecho a la vida estamos haciendo
referencia ni más ni menos que al derecho más primordial con el que cuenta todo
ser humano (y también todo ser vivo) a vivir, desde el mismo momento en que
comienza a existir o a tomar forma (es decir, independientemente de que haya
nacido o no). El derecho a la vida es uno de los derechos de la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre, por lo cual respetar y cumplir en todos
los casos con él es de suma importancia para el bien de la sociedad.
LA
ENCÍCLICA HUMANAE VITAE
dice al respecto como antecedente: Los
cambios que se han producido son, en efecto, notables y de diversa índole. Se
trata, ante todo, del rápido desarrollo demográfico. Muchos manifiestan el
temor de que la población mundial aumente más rápidamente que las reservas de
que dispone, con creciente angustia para tantas familias y pueblos en vía de
desarrollo, siendo grande la tentación de las autoridades de oponer a este
peligro medidas radicales.
Añade que “el
matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución
de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para
realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su
recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión
de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con
Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas”.
La Iglesia, sin
embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural
interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial (quilibet
matrimonii usus) debe quedar abierto a la transmisión de la vida y señala
concretamente en el artículo 14 que “debemos una vez más declarar que hay que
excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos,
la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el
aborto directamente procurado, aunque sea por razones terapéuticas”.
2.3.4. Problemas
ético morales actuales
La eutanasia. Tradicionalmente se ha planteado el problema
de la eutanasia como un conflicto entre la vida como un valor en sí o un valor
subordinado a ciertas condiciones mínimas de bienestar —resumidas en conceptos
como “calidad de vida”, “vida digna” o “vida humana” —, es decir, entre lo que
podría llamarse el valor absoluto de la vida o valor subordinado de la vida.
Asimismo, también se le ha planteado como un
conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la libre decisión. Para
dirimir hasta qué punto el conflicto de valores y derechos es relevante para
ofrecer una solución al problema, es necesario distinguir las varias formas en
que puede tener lugar la eutanasia, a saber:
1.
Eutanasia
voluntaria (manifestación explícita del paciente de su deseo de morir).
2.
Eutanasia involuntaria
(falta de la manifestación explícita del deseo de morir por parte del paciente.
3.
Eutanasia activa
(provocar la muerte por el agente).
4.
Eutanasia pasiva
(dejar morir al paciente).
El término eutanasia viene de
eu thánatos: bien muerte, buena muerte, morir bien. Sin embargo, tiene un
significado más específico que es procurar la muerte sin dolor a aquellos que
sufren. Este significado es muy amplio y aquí entrarían desde el asesinato al
niño que nace disminuido hasta la colaboración en el suicidio de alguien que
sufre, desde la eliminación del anciano hasta la abstención del tratamiento
para no alargar una agonía sin esperanza. Cada uno de estos casos recibiría un
juicio ético distinto; pero cuando uno escucha debates o lee nuestros
periódicos ve que hay una confusión de ideas bastante grande.
¿Qué dice la iglesia frente a
esta corriente?
La eutanasia es una grave violación de la Ley
de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una
persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra
de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por
el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las
circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio.
Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala...Bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: “Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir”.
Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala...Bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: “Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir”.
-
El aborto
-
Matrimonio entre
personas del mismo sexo
-
La clonación
humana
-
La prostitución
-
No hay comentarios:
Publicar un comentario