viernes, 20 de septiembre de 2019

UNIDAD III TEMA 3 DICTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA


TEMA N° 3
DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

3.1. La misión del creyente frente a las estructuras de poder
3.1.1. La religión en la política: Corrientes e ideologías
3.1.1.1.            El totalitarismo, fascismo, comunismo
3.1.1.2.            Populismo
3.1.1.3.            La Iglesia y la política

3.2. La enseñanza social de la Iglesia
3.2.1.      Estados  - constituciones  (CONSTRUCCIONES)
3.2.2.      Las leyes y decretos
3.2.3.      Los principales concilios
3.2.4.      Encíclicas sociales, doctrinales Y disciplinarias

3.1.2.      La Iglesia social: La Iglesia en la sociedad actual (DEBERIA ESTAR AQUI)
3.1.2.1.            La Permisividad
3.1.2.2.            El relativismo
3.1.2.3.            Hedonismo
3.1.2.4.            Consumismo
3.1.2.5.            Materialismo
3.1.2.6.            Nihilismo
3.1.2.7.            Llamados  a ser pastores.


3.3. Ser discípulos misioneros, según el carisma salesiano
3.3.1. De la comunión  al compromiso  apostólico
3.3.2. Honesto ciudadano y buen cristiano: una expresión de Don Bosco
3.3.3. Un criterio metodológico …  moderno



3.1   La misión del creyente frente a las estructuras de poder
3.1.1. La religión en la política: Corrientes e ideologías
Cuando se trata de desprestigiar a una persona que expresa una posición sobre un asunto público se dice que tiene intereses políticos.
Si bien posiciones como las descritas reflejan el creciente desprestigio de la política y de los políticos, no deja de ser un síntoma muy preocupante y paradójico que estas provengan precisamente de los que hacen y viven de la política.
Una cosa es criticar y rechazar a quienes se han aprovechado indebidamente de su poder político para beneficiarse o para beneficiar a terceros, o a quienes han violado los derechos humanos o cometido delitos de lesa humanidad en nombre de un “ideal político”, y otra pretender invalidar las legítimas aspiraciones y actuaciones de quienes han sido electos o aspiran a serlo en representación de determinados intereses o sectores sociales. 
Lo político, siguiendo a Aristóteles, es aquello que diferencia al ser humano del animal, y consiste en la capacidad de dar forma a la vida social. Sus manifestaciones casi nunca se revisten de ropajes políticos: aparecen bajo formas diversas en la vida cotidiana, y especialmente en la fiesta y la creación artística. La política es, en cambio, es la concreta actividad que se encamina a la conquista del poder o a su conservación. En otros términos, lo político anida en la vida social; la política es propia de la vida del Estado. Al plantearse este tema, el pensador Camilo Restrepo observó con mucha sagacidad que, en ciertas circunstancias, el Estado tiende a secuestrar lo político, y absorbe de hecho la vida social.
El totalitarismo no es simplemente una forma de gobierno, una organización en cuanto a las personas que ejercen el poder, es toda una forma de estado. Como forma de estado es de tipo no democrática y se caracteriza al igual que el autoritarismo en la falta de reconocimiento de la libertad y los derechos del hombre. Sin embargo, se diferencia del autoritarismo en que en el totalitarismo existe una negación de la libertad y los derechos individuales, desconociendo además la dignidad de la persona humana.
El totalitarismo sólo puede entenderse como la forma de dominación total específica de la sociedad moderna. Sólo aparece cuando las fuerzas sociales son ahogadas y sometidas a la opacidad.
Los totalitarismos, o regímenes totalitarios, son dirigidos por un partido único que se funde con las instituciones del Estado. Estos regímenes, por lo general exaltan la figura de un personaje, líder o caudillo, que tiene un poder ilimitado que alcanza todos los ámbitos de la vida y que se manifiesta a través de la autoridad ejercida jerárquicamente. Impulsan un movimiento de masas en el que se pretende encuadrar a toda la sociedad y que en el país recibe el nombre de movimientos sociales, haciendo uso intenso de la propaganda y de distintos mecanismos de control social especialmente los de comunicación.
La idea fascista propone la supremacía de la nación por sobre las personas o clases sociales; suprime la disidencia política en beneficio de un partido único y, los localismos, en beneficio del centralismo, es decir, concentra todo el poder en las manos de un líder carismático. Aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la propaganda, la violencia y la represión.
El comunismo puede ser definido como una doctrina política y económica que estudia las condiciones de la liberación del proletariado llamada (clase de la sociedad que lleva su único apoyo y sólo la venta de su trabajo y se beneficia ningún capital). Bajo el comunismo, las clases sociales no tendrían razón de existir, y la comunidad vivirían manera comunal, es decir, trabajar y compartir los resultados de su esfuerzo. De acuerdo con el autor, esta etapa se alcanzará después de la experiencia con el capitalismo en última instancia revela su desgaste natural, causado por las imperfecciones inherentes a su composición.
Si bien al principio esta tendencia ganó simpatía, de manera gradual, varios intelectuales de izquierda dejaron de apoyar al comunismo, pues fueron observando y comprendiendo que la URSS se había transformado en un país tan totalitario y fascista como aquéllos a los cuales criticaban en Europa occidental: Bertrand Russell, Karl Jaspers, T.S. Elliot, André Malraux, Jean Cocteau, Isaiah Berlin, Ezra Pound, Claude Debussy, Salvador de Madariaga se cuentan entre ellos. Por supuesto, muchos de sus ex camaradas los acusaron de haberse convertido en miembros o víctimas ideológicas de la CIA, o como mínimo, haber sucumbido al fascismo.
El populismo que tiene un significado aparentemente peyorativo, ocurre cuando los gobiernos utilizan medidas populares para ganar la simpatía de las mayorías y así, en democracia, garantizar su reelección o, en autoritarismo tradicional, mantenerse populares pese a no permitir comicios.
Las dictaduras populistas lo son porque les ha tocado gobernar en épocas de prosperidad económica y pueden, no sólo con discursos, sino con acciones, mejorar la calidad de vida de los más pobres. También lo son porque, con medidas arbitrarias, confiscan la propiedad privada; controlan la economía vía nacionalizaciones, toma de la banca, etc.; logrando, al menos, en corto plazo, beneficiar o dar esa sensación a millones de ciudadanos.
En los estados autoritarios populistas, muy diferentes a las dictaduras militares clásicas, los gobernantes manejan un discurso de “amor al pueblo” por el cual, supuestamente, están dispuestos a sacrificar los intereses del Estado en favor de los sectores menos favorecidos, haciendo uso de una retórica mítica a través de la cual todo lo pasado fue malo y “lo bueno” comienza con ellos.
Eric Cárdenas del Castillo, en su artículo Características del Populismo (2009), señala cómo estos regímenes inventan “enemigos internos y externos para justificar la violencia verbal y física, debilitando desde el punto de vista político a las instituciones del Estado para ponerlas al servicio de ellos (el Poder Judicial suele convertirse en el órgano represor basado en un ficticia legalidad), desapareciendo los controles fiscales y disponiendo de los recursos como si fuera “cosa propia”; la corrupción, el prebendalismo, el despilfarro y la mala gestión pública son sus notas salientes.
LA IGLESIA Y LA POLÍTICA
“La comunidad política nace para buscar el bien común, que abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección", señala el documento del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes (G.S.74).
La Iglesia está inequívocamente a favor de la democracia y recuerda a todos los ciudadanos el derecho y el deber de votar con libertad. Pero el papel de los ciudadanos no se reduce a emitir un voto y luego dejar que los políticos lo hagan todo ellos solos, sino que han de seguir cooperando. En este sentido es muy importante la acción de las llamadas instituciones intermedias, de las asociaciones familiares, culturales, sociales... El Estado no ha de hacerlo todo, sino que las personas, las familias y agrupaciones tienen también mucha responsabilidad.
A la pregunta hecha a Jesús: Dinos, por tanto, qué te parece: ¿es lícito dar tributo al César o no? (...) Les respondió: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Entonces les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Jesús da una respuesta que no alcanzan a entender y que es al mismo tiempo absolutamente fiel a su predicación sobre el Reino de Dios, viniendo a decir: Dad al César lo que le corresponde, pero no más de ello, pues también hay que dar a Dios lo que le corresponde, reverso necesario de la cuestión, que ellos sin embargo no habían planteado. No están en el mismo nivel, ya que para un buen israelita Dios trasciende toda medida humana; al César, el poder público, corresponde la tributación, necesaria para el ordenamiento temporal de la sociedad; a Dios evidentemente hay que darle el cumplimiento de todos los mandamientos, que implican el amor y la entrega personales, como criaturas del Creador.
“La comunidad política y la Iglesia, cada una en su ámbito propio, son mutuamente independientes y autónomos. Sin embargo, ambas, aunque por título diverso están al servicio de la vocación personal y social de unos mismos hombres. Tanto más eficazmente ejercerán este servicio en bien de todos cuanto mejor cultiven entre ellas una sana colaboración, teniendo en cuenta también las circunstancias de lugar y de tiempo. Pues el hombre no está solamente limitado al orden temporal, sino que, viviendo en la historia humana, conserva íntegramente su vocación eterna”.
La misión propia que Cristo confió a la Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Precisamente de esta misma misión religiosa fluyen una función, una luz y unas energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad de los hombres según la ley divina.
El Papa Francisco aseguró en junio de 2016 que “la Iglesia está llamada a comprometerse” y, por esa razón, defendió la necesidad de que se involucre “en la gran política”, lo que, dijo, constituye “una de las formas más altas del amor”.
En este sentido, parafraseó al papa y beato Pablo VI, quien definió a la política como “una de las formas más altas del amor, de la caridad”.
Con su enseñanza social, la Iglesia quiere anunciar y actualizar el Evangelio en la compleja red de las relaciones sociales. No se trata simplemente de alcanzar al ser humano como individuo inserto en la sociedad, sino de fecundar y fermentar la sociedad misma con el Evangelio. Cuidar del ser humano implica, para la Iglesia, velar también por la sociedad. La convivencia social juega un papel determinante en la calidad de vida y en las condiciones en las que cada hombre y cada mujer se comprenden a sí mismos y deciden acerca de sí mismos y de su propia vocación. Por esta razón, la Iglesia no es indiferente a todo lo que en la sociedad se decide, se produce y se vive, a la calidad moral, es decir, auténticamente humana y humanizadora, de la vida social.
La persona humana no puede y no debe ser instrumentalizada por las estructuras sociales, económicas y políticas, porque todo hombre posee la libertad de orientarse hacia su fin último. Cualquier visión totalitaria de la sociedad y del Estado y cualquier ideología puramente intramundana del progreso son contrarias a la verdad integral de la persona humana y al designio de Dios sobre la historia.
La Iglesia ha contribuido a establecer la distinción entre comunidad política y sociedad civil, sobre todo, con su visión del hombre, entendido como ser autónomo, relacional, abierto a la trascendencia, visión que contrasta tanto con las ideologías políticas de carácter individualista, cuanto con las totalitarias que tienden a absorber la sociedad civil en la esfera del Estado.
3.2   La enseñanza social de la Iglesia
3.2.1. La Constitución
Las personas necesitan conformar un Estado que es la forma y organización de la sociedad, de su gobierno, para establecer normas de convivencia humana; es la unidad jurídica de los individuos que constituyen un pueblo que vive al abrigo de un territorio y bajo el imperio de una ley, con el fin de alcanzar el bien común.
La palabra Estado, no aparece en las lenguas europeas hasta el Renacimiento. Durante la Edad Media, el poder político se confundía con la propiedad. No existía el Estado en el sentido moderno, pues no había institución alguna que ostentara el monopolio del poder político.
La Constitución es la ley suprema de un Estado que establece su organización, su funcionamiento, su estructura política y los derechos y garantías de los habitantes de ese Estado. Se llama precisamente Constitución pues “constituye” la nación políticamente organizada, le da sus principios, y la distingue de otros estados. Está precedida generalmente de un preámbulo que establece sus antecedentes y sus fines.
Es la ley de las leyes o la madre de todas las demás normas, pues si las otras están en contradicción con ella, pueden ser declaradas inconstitucionales. La Constitución Política además de los derechos y deberes establece la organización del Estado, cuántas y cuáles son las ramas del poder público y qué tareas hace cada una de ellas para poder cumplir con sus fines.
Por su parte, la ley, que permite la convivencia de los integrantes de una sociedad, es una norma jurídica expedida por el legislador y con unas características concretas, tales como la generalidad (la ley comprende a todas las personas sin excepciones); la obligatoriedad (establece obligaciones o deberes jurídicos y por otra parte otorga derechos.
Esto significa que siempre hay una voluntad que manda y otra que obedece); permanencia (se dictan con carácter indefinido, permanente, para un número indeterminado de casos y, finalmente abstracta (las leyes no se emiten para regular o resolver casos individuales porque son generales). Nadie puede invocar su desconocimiento.
3.2.2. Las leyes  y decretos
El término concilio es propio de la iglesia. Un concilio es una reunión o asamblea de autoridades religiosas (obispos y otros eclesiásticos) generalmente efectuada por la Iglesia Católica, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina.
Los más importantes son los llamados concilios ecuménicos. Un concilio ecuménico es una asamblea celebrada por la Iglesia Católica con carácter general a la que son convocados todos los obispos para reconocer la verdad en materia de doctrina o de práctica y proclamarla. Ecuménico, proviene del latín oecumenicum, del griego οἰκουμένoν, que significa (mundo) habitado.
Los concilios de la Iglesia Católica Romana, deben ser convocados por el Papa y presididos por él o por un delegado suyo, y en él habrán de estar representados la mayoría de los obispos de las provincias eclesiásticas. Para la validez de sus acuerdos es precisa, como condición sine qua non, la sanción del Sumo Pontífice Romano.
A la apertura de los debates, todos los asistentes prestan juramento. Juran que permanecerán fieles a la Iglesia y a su jefe. El texto del juramento fue redactado por el papa Gregorio VII en el año 1709. El Santo Padre decide los temas que serán discutidos por el Concilio. Tiene el poder de interrumpir la sesión o de trasladarla a una fecha ulterior.
3.2.3. Los principales concilios
Estos fueron los concilios más importantes de la historia:
Nicea I. Del 20 de mayo al 25 de julio de 325, convocado por el emperador romano Constantino I, que estuvo presente, y presidido por el Obispo Osio de Córdoba, que actuó en representación del Papa. Formuló la primera parte del Símbolo de fe, conocido como el Credo Niceno, definiendo la divinidad del Hijo de Dios, y se fijaron las fechas para celebrar la Pascua.
Constantinopla I. Entre mayo y julio de 381, convocado por el emperador romano Teodosio I y presidido sucesivamente por el Patriarca de Alejandría Timoteo, el Patriarca de Antioquía Melecio, el Patriarca de Constantinopla Gregorio Nacianceno, y su sucesor el Patriarca de Constantinopla Nectario. El Papa Dámaso no mandó representación.
Formuló la segunda parte del Símbolo de Fe, conocido como el Credo Niceno Constantinopolitano, definiendo la divinidad del Espíritu Santo. Se condenó a los seguidores de Macedonio I de Constantinopla, por negar la divinidad del Espíritu Santo (Macedonianismo).
Letrán I. Fue convocado por el Papa Calixto II en diciembre de 1122, inmediatamente después del Concordato de Worms que puso fin a la querella de las investiduras; aboliéndose el derecho, que reclamaban los príncipes, a investir dignidades y tener beneficios eclesiásticos. Finalizó en 1123.
Trento. Convocado por Pablo III (1545-1563) para tratar el tema de la escisión de la Iglesia por la reforma protestante. También se ocupó de muchos temas doctrinales, morales, y disciplinares. Se decretó sobre la Justificación, los Sacramentos, la Eucaristía, el Canon de la Sagradas Escrituras y otros temas, con variadas disposiciones disciplinares. Se condenaron los errores de Lutero y otros autodenominados reformadores. Fue el concilio más largo y en el que se promulgaron más decretos dogmáticos.
Vaticano II. Convocado por Juan XXIII (1962-1965) que presidió la primera etapa, hasta otoño de 1962; las tres sesiones siguientes fueron convocadas y presididas por Pablo VI, su sucesor. Fue un concilio pastoral, no dogmático.
Los XXI concilios ecuménicos son los reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
¿Qué es una encíclica? Es una carta solemne sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica, dirigida por el Papa a los obispos y fieles católicos de todo el mundo. Las encíclicas tienen su origen en las epístolas del Nuevo Testamento y es el documento más importante que escribe un Pontífice. Suelen estar redactadas en latín, el idioma oficial de la Santa Sede, y traducidas a las principales lenguas del mundo, y su título se toma de las primeras palabras del documento. Suelen ir acompañadas por un subtítulo que refleja el tema principal del que tratan.
Suelen ser de carácter Doctrinal: Cuando desarrollan extensamente la doctrina que el Papa propone en la misma. Muchas de estas han marcado significativamente la vida de la Iglesia. 


3.2.4.      Encíclicas sociales, doctrinales y disciplinares
Desde el final del siglo XIX, los Papas han formulado una Doctrina Social que ha enriquecido la tradición de la Iglesia, y que ha sido aplicada a varios problemas, singularmente la defensa de la dignidad humana. Exhortativo: tratan específicamente sobre temas más espirituales, sin estar enmarcadas dentro de una controversia doctrinal o teológica. Disciplinar: tratan cuestiones particulares disciplinarias o prácticas.
Estas son algunas de las encíclicas más renombradas de la historia:
RERUM NOVARUM: Salió a la luz en plena ebullición del capitalismo liberal y el marxismo. Fue una respuesta oportuna y clara a las cuestiones sociales. El Papa León XIII dice esta famosa encíclica. Han desaparecido víctimas de sus propias contradicciones: El muro de Berlín las enterró con su caída en 1989. Esta encíclica trata sobre el problema de los obreros, rechazando los abusos a que eran sometidos por parte del capitalismo liberal, así como el engaño y la manipulación del socialismo marxista.
QUADRAGESIMO ANNO (a los 40 años), es una evaluación de la realidad social hecha 40 años después de la anterior encíclica. Rechaza tanto la ideología capitalista como la ideología marxista y defiende el derecho de la propiedad, así como la justa retribución del trabajador por el salario
MATER ET MAGISTRA. Trata sobre la nueva situación social que se caracteriza por la mundialización, del problema social: países ricos en relación con países pobres. Describe el subdesarrollo y critica la falta de solidaridad de los países ricos ante los sufrimientos y privaciones de los países pobres.
PACEM IN TERRIS, Habla acerca de los derechos humanos, y porque hace un llamamiento a la paz, ante la posibilidad de una guerra nuclear entre las superpotencias. La Paz debe basarse en el respeto entre los hombres y los Estados.
POPULORUM PROGRESSIO, Toca el tema del desarrollo integral y solidario, y lo define como “el paso de las condiciones menos humanas a más humanas”. Insiste en un punto de importancia: La economía debe estar al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la economía.
OCTOGESIMA ADVENIENS, Es una carta que conmemora el octogésimo aniversario de la “Rerum Novarum” donde analiza las ideologías más destacadas en ese momento y subraya la importancia de cambiar las estructuras temporales y los corazones para dar solución al problema social.
LABOREM EXERCENS, Enseña cuál es la visión cristiana del trabajo a partir del ejemplo de Jesús, cuya vida oculta es un verdadero “Evangelio del Trabajo”. Destaca también la primacía del trabajo sobre el capital, por ser expresión de un sujeto humano.
SOLLICITUDO REI SOCIALIS. Señala que el subdesarrollo es una amenaza para la unidad del género humano y como la división del mundo en bloques ideológicos y económicos no ayuda al desarrollo de los pueblos más necesitados.
CENTESIMUS ANNUS. Escrita para celebrar los cien años de la RERUM NOVARUM. En ella, el Papa analiza el derrumbe del marxismo ocurrido en 1989, así como el papel del Estado en la transformación social subrayando, los elementos de una correcta antropología cristiana.
3.2.5.      La Iglesia  en la sociedad actual
Si tuviéramos que resumir en una palabra el gran desafío que tenemos para el siglo XXI es lo que un literato ha llamado la cultura light. Desde los años ochenta en el mercado se están ofreciendo una serie de productos light: comidas sin calorías y sin grasas, cerveza sin alcohol, azúcar sin glucosa, tabaco sin nicotina, cocacola sin cafeína y sin azúcar, mantequilla sin grasa...Lo grave de todo esto es que se está pasando al hombre, formando una cultura light: un hombre sin valores, sin sustancia, sin contenido, con escasa educación humana, entregado a la superficialidad, a la ligereza, a lo banal. Sus afirmaciones lo dicen todo: “Todo vale… qué más da… las cosas han cambiado”.
Las conquistas técnicas y científicas -impensables hace tan sólo unos años- nos han traído unos logros evidentes: la revolución informática, los avances de la ciencia en sus diversos aspectos, etc… Frente a todo ello, esta cultura light ha penetrado en nuestra sociedad con diferentes rostros, o si se quiere, sostenida sobre estos pilares.
1. Permisividad: lo importante es siempre hacer lo que uno quiera, en todos los campos. Todo me es permitido; basta que yo pueda hacerlo. Todo lo damos por bueno y le restamos importancia. Esta permisividad se va colando dentro de nosotros y nos pone delante de los ojos la realidad de una libertad sin trabas, en la que lo importante es hacer lo que te apetezca, no ir contra las inclinaciones que piden paso, ya que eso puede ser nocivo para la salud mental. Su lema es: “Esto me apetece; esto no me apetece”.
2. Relativismo: Se desprende del punto anterior. Nada es absoluto, sino que todo depende en última instancia del propio punto de vista, de lo que a uno le parezca. Esto se desliza en una desembocadura muy concreta: el escepticismo, la desvalorización del conocimiento, que se torna incapaz de acceder a sus cimas más altas. Si todo es relativo, si todo es bueno y malo, si nada es definitivo, ¿qué más da? Lo importante es hacer lo que quieras, aquello que te apetezca o dicte el momento. El relativismo es ese dios moderno y poderoso que reclama un punto de vista subjetivo para todo, ya que no existe una verdad absoluta. Defiende la utilidad, lo práctico, la idea de que el fin justifica los medios. El relativismo supone entrar en la incoherencia, y ella es causa de muchas rupturas, de biografías ilógicas, sin argumentos irreconciliables
3. Hedonismo y sexualidad rebajada: lo fundamental es pasarlo bien sin restricciones. El placer por el placer; disfrutar sin privarse de nada y rebañar todo lo más que se pueda en este campo. Su lema es: “Disfruta al máxima”.
4. Consumismo galopante: hijo directo del hedonismo. Nos lleva a acumular más y más cosas, más y más experiencias placenteras. Compra, usa, goza, tira. El ideal del consumo no tiene otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de unos objetos por otros mejores. Este consumismo se me mata en el viejo dicho de “tanto tienes, tanto vales”. Su lema es: “Compra, usa, tira”.
5. Materialismo: el ser humano se va convirtiendo en objeto, en materia; va dejando de ser alguien para ser algo. Y ese vértigo de sensaciones placenteras tiene un tono devorador. El escritor americano Lasch, en su libro La cultura del narcisismo, lo describe así: Cuidar la salud, desprenderse de los complejos, esperar las vacaciones: vivir sin ideal y sin objetivos trascendentes”. La enfermedad de Occidente es la de la abundancia: tener todo lo material y haber reducido al mínimo lo espiritual. Ya no interesan los héroes.

6. Religión y espiritualidad a la carta: ofrecida por las innumerables sectas que están pululando por doquier. Religión y espiritualidad que nos están conduciendo a un nuevo paganismo, con la aparición de dioses de la historia universal que conviven con otros nuevos dioses, como el sexo, el dinero, el poder y el placer. Su lema es: “Toda religión es buena”.

7. Cambiar la verdad, como fábrica de mentiras, que tergiversan la verdad, distorsionan la realidad, inculcan una cultura superficial, barata, chata, que da rienda suelta a los instintos más animales que tenemos, que destruyen los valores humanos y cristianos que nos alimentaban y formaban. Estos medios de comunicación están promoviendo el hombre light, ese personaje sin mensaje interior. Tomen, por ejemplo, las telenovelas, las revistas del corazón. En esas parejas todo está preparado para la ruptura. Y todo es presentado con risas, sin seriedad, de manera superficial. Se presenta el modelo light sin drama. Basta ver un programa de Marcelo Tinelli…
Suele llamarse nihilista a nuestra sociedad actual, en la que, si bien la percepción de la realidad es individual, a nivel social nos damos cuenta que todo lo establecido es cuestionado, igual que la tradición y lo que consideramos cierto. La globalización, la comunicación instantánea de los medios masivos de información, la diversidad cultural, la decadencia moral de la sociedad y la de las distintas religiones, la aparición de cultos nuevos en desmedro de la ortodoxa iglesia católica, la violencia ejerciendo su soberanía por encima de la razón son sólo algunas de las causas por las que al ser humano no le resulta fácil aferrarse a algo en medio de la silenciosa guerra en la que se debate la humanidad.
Llama la atención una suerte de secularismo que se percibe en la vida cotidiana de muchos latinoamericanos. Según ésta en nuestras tierras coexisten por un lado instituciones y costumbres cuyo sentido original y profundo hace explícita referencia a Dios y lo trascendente, con otras -más recientes, o reinterpretaciones de las anteriores- que portan una carga cerrada en lo horizontal e inmanente. Así sucede, por ejemplo, con la pérdida del sentido religioso de sacramentos como el bautismo y el matrimonio y su mera sustitución por registros civiles o su reinterpretación como celebraciones predominantemente sociales; o con el modo superficial y huidizo como se enfrenta la muerte y se alienta a los deudos, aún en la presencia de toda una simbología religiosa; o en los criterios relativos y cambiantes que se utilizan para justificar en un caso un comportamiento ético, que en otro se desaprueba; entre otros muchos ejemplos.
Finalmente, algo sobre los jóvenes. Casi todos ellos tienen un teléfono celular, algunos incluso dos. No es novedad que la telefonía móvil se haya expandido vertiginosamente a nivel mundial. Esta tendencia continúa y se incremente a medida que aparecen nuevos equipos con más servicios de conectividad. Son los más jóvenes los que se adhieren más a estas tecnologías y probablemente sean los que más más riesgos deberán enfrentar.
¿Y cuál es el riesgo de la tecnología? Como ocurre con otros aspectos de la vida, todos los excesos pueden ser malos. Por ejemplo, quienes utilizan las redes sociales corren el riesgo de ponerse en contacto con extraños que proporcionan identidades falsas con fines delictivos. Muchos adolescentes se valen de perfiles falsos para poder meterse en la vida de otros e incluso torturarlos psicológicamente. Por otro lado, se detectó que los adolescentes que siguen usando los celulares, las computadoras) y otros aparatos electrónicos a escondidas, después de haberse acostado para dormir, tuvieron más probabilidades de sufrir trastornos del sueño que causan otras dificultades como déficit de atención con hiperactividad, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, depresión y mal funcionamiento cognitivo.
LLAMADOS A SER PASTORES
Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos vivos del Espíritu Santo. Por lo tanto, la vida de los católicos, si quieren ser fieles y coherentes con su bautismo no puede ser la misma que la de una persona no bautizada. La imitación de Cristo será la tarea fundamental en su vida.
Sin embargo, hay personas que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y procurar que toda su vida esté al servicio del Reino. Esto es lo que se llama en la Iglesia católica, la vida consagrada. Éstos son los pastores, los llamados a una misión mayor: la de cuidar del resto de los que son o no bautizados.
Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivado siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo creado para utilizarlo de forma que pueda dar mayor gloria a Dios. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotros mismos. Y, por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos.
En esta tarea evangelizadora cobra importancia la presencia del laico. A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y a cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida.
Allí están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad.
La palabra “laico” puede suscitar distintas interpretaciones, como reconoció san Juan Pablo II en una audiencia general sobre el desarrollo y las tendencias de la vida consagrada en los tiempos recientes en 1994.
Sin embargo, en sentido estricto, laico es todo bautizado que no ha recibido el sacramento del orden, ya sea “religioso” o no. Entre los laicos hay laicos consagrados, cristianos, quienes, con pleno sentido y madurez, quieren vivir su vida, por vocación, al servicio de Dios y de la Iglesia.
3.3. Ser discípulos misioneros, según el carisma salesiano
3.3.1. De la comunión  al compromiso apostólico
En la vida vamos asumiendo diversos tipos de compromisos, que nos permiten crecer como personas. Se la puede definir como la capacidad que tienen todas las personas para tener conocimiento de la importancia que tiene el cumplir con el crecimiento de su trabajo. Este trabajo debe ser aceptado con profesionalidad, responsabilidad y lealtad, dando su mayor esfuerzo para obtener un producto con un alto estándar de calidad que complazca y supere la perspectiva de los usuarios.
En la familia el compromiso se da de acuerdo al lugar que cada individuo ocupa dentro del conjunto familiar, porque los padres no solo tienen la responsabilidad de facilitarles a sus hijos los objetos materiales para mantenerlos a su lado, sino que tienen el deber de acompañarlos, aconsejarlos, ayudarlos, jugar y hablar con ellos. Pero sin olvidar que tienen un compromiso con su pareja con quien deben tener una relación donde se debe mantener el respeto, incitar el amor y cuidar todo lo físico de la relación, salir juntos, divertirse, deben ser amorosos y cuidarse entre ambos.
Los hijos también tienen compromiso con la familia, deben respetar a sus padres, ser sinceros y estar preparados para apoyarlos cuando los padres se los pidan. Al mismo tiempo también tienen la responsabilidad con sus hermanos de respeto y de hermandad, pero por otro lado tienen compromisos con sus amistades a los que deben cuidar, honrar, apreciar y conservar esa amistad por mucho tiempo.
Cada bautizado es portador de dones que debe desarrollar en unidad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu regala. (Documento Aparecida)
“La Diócesis, presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de responder a nuevos desafíos. Porque un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada grupo educativo, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis”.
En el ámbito salesiano, el compromiso llega a cada persona muy particularmente a los jóvenes, para que puedan tomar decisiones en su vida, que sean realmente libres y responsables, es el punto de llegada de todo proceso correcto de discernimiento en el camino de la fe y del crecimiento personal. (Aguinaldo 2018)
3.3.2.  Honesto ciudadano y buen cristiano
El “Honrado ciudadano y buen cristiano” tiene contenidos tradicionales y nuevos. Se refiere al deseo de colaborar en el nuevo orden de la sociedad que nacía en aquellos años, insertando en los procesos de cambio los valores permanentes del vivir y del actuar moral. Reconoce, casi empáticamente, el valor del orden nuevo que la sociedad va expresando. Reconoce la riqueza de la cultura nueva que está naciendo y los esfuerzos por dar a la humanidad un bienestar más amplio y más seguro. Reconoce la fuerza contenida en la religiosidad que se renueva a la luz de los problemas y de las expectativas de la gente, particularmente de las personas más necesitadas.
Representa, por tanto, una enunciación sintética del manifiesto educativo de Don Bosco. La síntesis hay que buscarla principalmente en la capacidad de no dividir todo lo que en la vida diaria está unido. Todos somos, al mismo tiempo, ciudadanos y creyentes. La intuición de Don Bosco era la de indicar la interdependencia de los dos conceptos. La honradez de ciudadano conduce a la fidelidad hacia los valores evangélicos. La vida como buen cristiano es fundamento para la honradez social del ciudadano (Comisión de la Familia Salesiana, 2000).
De acuerdo con los planteamientos de Glenn (2004), la formación profesional, la investigación, y la extensión y difusión de la cultura que realicen las Instituciones de Educación Superior (IES), deberán considerar los desafíos globales que la humanidad enfrentará: a) el ambiente sustentable para todos (destacan la energía, el agua); b) el equilibrio entre el crecimiento de la población y los recursos que se requieren para alimentarla; c) la cultura democrática global transinstitucional que articule organismos internacionales, gobiernos, ONG, corporaciones y universidades; d) el diseño de políticas sensibles a las perspectivas globales y de largo plazo; e) la construcción de la sociedad del conocimiento; f) la comunicación, el marketing y la ética; g) el crimen organizado y las actividades ilegales trasnacionales; h) las nuevas enfermedades; i) la autoorganización administrativa; j) los conflictos étnicos; k) la seguridad humana; l) el estatus cambiante de la mujer; y, m) el calentamiento global y la celeridad de los cambios climáticos. Este es el contexto, en el cual opera y se desenvuelve la universidad latinoamericana del siglo XXI (Domínguez, 2009).
En clave salesiana, los valores que responden a la problemática actual, están centrados en: 1) el valor de la búsqueda desinteresada de la verdad, 2) la defensa de la vida, 3) el fortalecimiento de sociedades justas, 4) la dignificación de la persona en sus plurales relaciones, 5) la construcción de la paz, 6) el desarrollo de la “civilización del amor”, 7) la integración de la fe, la ciencia y la vida y 8) la estructuración de sociedades humanas y humanizadoras. De ahí que centrar la mira en la formación de valores –en la doble vía del concepto y la vivencia– no es una alternativa, sino una prioridad.
3.3.3.  Sistema Preventivo moderno
No cabe duda que debamos ser fieles a Don Bosco, aunque ahora todos estamos convencidos de que su sistema preventivo es muy "anticuado", en cuanto que corresponde a un mundo que ya no existe. Muchas y grandes "revoluciones" en el plano pedagógico, psicológico, religioso, político, cultural, filosófico, tecnológico y demográfico se han producido a lo largo del siglo XX y estos primeros años del siglo XXI.
El Sistema Preventivo de Don Bosco tiene necesidad de ser actualizado para que continúe siendo actual. Sin embargo, su actualidad no depende del hecho que se afirme su validez o se repitan sus enunciados, sino solamente si viene innovado, "traducido", decodificado, inculturado, profundizado, repensado, integrado, actualizado a la luz de los problemas educativos modernos, obviamente desconocidos a Don Bosco.
Hoy en día el compromiso educativo se extiende siempre más y las tareas del educador son cada vez más difíciles de realizar y verificar. Si una vez hubo casi sólo el patio, la iglesia, el laboratorio, la escuela, hoy estamos en presencia de diferentes tipos de escuelas, de instituciones educativas y terapéuticas, de comunidades de acogida para niños y jóvenes en dificultad, de centros de prevención contra la adicción a las drogas, de consultores, de intervenciones humanitarias para los jóvenes que viven en la calle, de campos de refugiados con un gran número de niños y jóvenes, de centros de acogida de los inmigrantes ... Y todo esto en una sociedad compleja y cosmopolita.
4.            ENSAYO
-          Planteamiento  de los objeticos
-          Desarrollo
-          Conclusión 

BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA
. Argüelles Mederos (Aníbal), Los llamados cultos sincréticos y el espiritismo, Editorial Académica, La Habana, 1991.
. Ramos Marco Antonio, Nuevo diccionario de religiones, denominaciones y sectas, Ediciones Informáticas, Morgan 2012.
. Kasper Walter, La Misericordia, Clave del Evangelio y la vida cristiana, Editorial Sal Terrae.
. Barreiro Belén, La sociedad que seremos: Digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos.
. Garrido Bonaño Manuel, En las fuentes de la trinidad, Biblioteca de Autores Cristianos
. Guy Hermert, Totalitarismos, Colección Políticas y Derecho, México 1991.

Adaptación y edición: Lic. Ernesto Murillo Estrada

UNIDAD II TEMAS 2 ETICA Y MORAL DEL CREYENTE


UNIDAD DIDACTICA II:   
TEMA N° 2
                                 ÉTICA Y MORAL DEL CREYENTE         

2.1     La relación entre Fe y Vida - (Enciclica  Fides et ratio de Juan Pablo II)
2.1.1.   Etapas más significativas del encuentro entre la fe y la razón
2.1.2.   Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
2.1.3.   El drama de la separación entre fe y razón

2.2.      Moral cristiana
2.2.1.   La ética y los principios morales      
2.2.2.   Ética cristiana

2.3.      Moral individual y moral social
2.3.1.   La ética y los códigos deontológicos
2.3.2.   Ética y virtudes                     
2.3.3.   Virtudes humanas y teologales        
2.3.4.   Problemas ético morales actuales


2.1.- La relación entre fe y vida - Encíclica fides et ratio  de Juan Pablo II
2.1.1.   Etapas más significativas del encuentro entre la fe y la razón
La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él.
¿Quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy? ¿por qué existe el mal? ¿qué hay después de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos sagrados de Israel, pero aparecen también en los Veda y en los Avesta; las encontramos en los escritos de Confucio e Lao-Tze y en la predicación de los Tirthankara y de Buda; asimismo se encuentran en los poemas de Homero y en las tragedias de Eurípides y Sófocles, como en los tratados de Platón y Aristóteles. (FeR 2)
El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía, que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. El término filosofía según la etimología griega significa «amor a la sabiduría». De hecho, la filosofía nació y se desarrolló desde el momento en que el hombre empezó a interrogarse sobre el porqué de las cosas y su finalidad. (F et R 3)
El ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal (FeR 4). 
La Iglesia, por su parte, aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos que hagan cada vez más digna la existencia personal. Ella ve en la filosofía el camino para conocer verdades fundamentales relativas a la existencia del hombre. Considera a la filosofía como una ayuda indispensable para profundizar la inteligencia de la fe (FeR 5).
El hombre con la luz de la razón sabe reconocer su camino, pero lo puede recorrer de forma libre, sin obstáculos y hasta el final, si con ánimo sincero fija su búsqueda en el horizonte de la fe. La razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios.
2.1.2.   Novedad perenne del pensamiento de santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino y la ética tiene su vinculación con las ideas agustinianas, con la teodicea cristiana de San Agustín, en la que se expone a Dios como único y omnibenevolente, que la maldad es el uso negativo que hace el hombre del libre albedrío, que la  bondad de Dios es omnipresente, siendo los pecados del hombre la causa de todo mal y el sacrificio de Jesucristo el remedio salvador de nuestros males.
Santo Tomás de Aquino, 1225-1274,  fue un intelectual conocedor de los filósofos de su tiempo y de la antigüedad, tenia predilección por Platón y su discípulo Aristóteles, por ello al estudiar a Santo Tomás de Aquino y la ética encontramos, en las obras del Aquinante, ideas que sobre este tema expusieron estos antiguos filósofos, de Platón se nota la influencia que la idea del bien, como objetivo del alma, expuso este sabio.
Santo Tomás de Aquino y la ética, en los conceptos éticos de Santo Tomás se denota la influencia de la ética de la virtudes propugnada por el filósofo griego Aristóteles, en lo que se refiere a la racionalidad y la voluntad del alma hacia la consecución de la felicidad, a través del conocimiento, sostenía Aristóteles que el ser humano al conocer la verdad, la realidad de las cosas y el contexto donde se vive, este tiende a dominar su irracionalidad.
Sin embargo encontramos, en Santo Tomás de Aquino y la ética del Aquinante, un rechazo al apego elitista de la moral de los filósofos antiguos al excluir estos a vastos sectores sociales, y plantear ideas que no son compatibles con la ética de la doctrina cristiana que es personalista e incluyente, amar al prójimo, por ello Santo Tomás toma los aspectos de estos filósofos referidos práctica del bien común como virtud de la felicidad social.
La sumisión de la voluntad humana a la Gracia Divina, por medio de la cual se consigue la salvación eterna, es el pilar donde Santo Tomás de Aquino y la ética que él propone tienen su fundamento. La ley moral natural que expone es una ley evidente, universal e inmutable que nos señala lo que es bueno y lo que es malo en forma natural, por medio de la cual los hechos de la conducta del ser humano se configuran para conseguir el bien común.
Santo Tomás de Aquino y la ética, que él expone, es una ética basada en el amor y consecuente con los principios del catolicismo, en su ética hace la diferenciación de dos tipos de verdades, la de fe cristiana y la de la razón, y permite la voluntad de juzgar moralmente de acuerdo a las directrices de Dios, señala que las virtudes son aptitudes adquiridas e indica que estas son siete de ellas cuatros son de orden natural y tres de orden sobrenatural.
En Santo Tomás de Aquino y la ética, las cuatros virtudes naturales se refieren a tener templanza en cuanto a disfrutar de los placeres, fortaleza sin caer en la cobardía o la temeridad, justicia para saber relacionarse,  y la prudencia para saber elegir entre lo bueno y lo malo, y es una virtud que consideraba necesaria en la política y en la aplicación de la ley positiva, y señalaba que se debe adquirir el hábito moral con la buenas acciones.
Las virtudes sobrenaturales que se indican en Santo Tomás de Aquino y la ética, son la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que son enunciadas en los mandamientos de la iglesia católica, y practicadas por sus clérigos y por quienes son devotos verdaderos del catolicismo, son estas tres virtudes, junto con el amor  a Dios y al prójimo, que Santo Tomás de Aquino identifica como fundamentales en la ética del cristianismo.
En referencia a Santo Tomas de Aquino y la ética sus conceptos éticos están basados en la ética del cristianismo, que es el cumplir con fidelidad la ley divina, el amor a Dios, las normas expresadas en la biblia, que conducen al ser humano a la perfección moral y consecuente salvación de su alma al practicar el bien. La ley natural expuesta por Santo Tomás expresa que esta es el fundamento de la razón y de los deberes naturales del hombre.
La escolástica, que enseña las coincidencias de la razón y la fe, tiene en Santo Tomas de Aquino y la ética, y sus demás obras, como la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles, piezas fundamentales en la que se basa su filosofía intelectual, moral y ética, que tiene una clara influencia en el pensamiento teológico actual, y por lo fue declarado Doctor de la Iglesia, de la humanidad, y es considerado el santo patrono de la universidades católicas.
2.1.3.   El drama de la separación entre fe y razón
Según el testimonio de los Hechos de los Apóstoles, el anuncio cristiano tuvo que confrontarse desde el inicio con las corrientes filosóficas de la época. Ciertamente esto no era casual. Los primeros cristianos para hacerse comprender por los paganos no podían referirse sólo a «Moisés y los profetas»; debían también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y en la voz de la conciencia moral de cada hombre. En la historia de este proceso es posible verificar la recepción crítica del pensamiento filosófico por parte de los pensadores cristianos. Este nuevo pensamiento cristiano que se estaba desarrollando hacía uso de la filosofía, pero al mismo tiempo tendía a distinguirse claramente de ella. Un puesto singular en este largo camino corresponde a Santo Tomás de Aquino, pues tuvo el gran mérito de destacar la armonía que existe entre la razón y la fe.
Argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse entre sí. Más radicalmente, Tomás reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosofía, puede contribuir a la comprensión de la revelación divina. La fe, por tanto, no teme la razón, sino que la busca y confía en ella. Aun señalando con fuerza el carácter sobrenatural de la fe, el Doctor Angélico no ha olvidado el valor de su carácter racional; sino que ha sabido profundizar y precisar este sentido. Precisamente por este motivo la Iglesia ha propuesto siempre a Santo Tomás como maestro de pensamiento y modelo del modo correcto de hacer teología. Con la aparición de las primeras universidades, la teología se confrontaba más directamente con otras formas de investigación y del saber científico. San Alberto Magno y Santo Tomás, aun manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación. Sin embargo, a partir de la baja Edad Media la legítima distinción entre los dos saberes se transformó progresivamente en una nefasta separación. Debido al excesivo ‘espíritu racionalista’ de algunos pensadores, se radicalizaron las posturas, llegándose de hecho a una filosofía separada y absolutamente autónoma respecto a los contenidos de la fe. Las radicalizaciones más influyentes son conocidas y bien visibles, sobre todo en la historia de Occidente. No es exagerado afirmar que buena parte del pensamiento filosófico moderno se ha desarrollado alejándose progresivamente de la Revelación cristiana, hasta llegar a contraposiciones explícitas. En el siglo pasado, algunos representantes del idealismo intentaron de diversos modos transformar la fe y sus contenidos, incluso el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, en estructuras dialécticas concebibles racionalmente. A este pensamiento se opusieron diferentes formas de humanismo ateo, elaboradas filosóficamente, que presentaron la fe como nociva y alienante para el desarrollo de la plena racionalidad. Además, como consecuencia de la crisis del racionalismo, ha cobrado entidad el nihilismo. Como «filosofía de la nada», logra tener cierto atractivo entre nuestros contemporáneos. Sus seguidores teorizan sobre la investigación como fin en sí misma, sin esperanza ni posibilidad alguna de alcanzar la meta de la verdad.
El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional. Por otra parte, no debe olvidarse que en la cultura moderna ha cambiado el papel mismo de la filosofía. De sabiduría y saber universal, se ha ido reduciendo progresivamente a una de tantas parcelas del saber humano; más aún, en algunos aspectos se la ha limitado a un papel del todo marginal. Mientras, otras formas de racionalidad se han ido afirmando cada vez con mayor relieve, destacando el carácter marginal del saber filosófico. Estas formas de racionalidad, en vez de tender a la contemplación de la verdad y a la búsqueda del fin último y del sentido de la vida, están orientadas como «razón instrumental» al servicio de fines utilitaristas, de placer o de poder. En este último período de la historia de la filosofía se constata, pues, una progresiva separación entre la fe y la razón filosófica que exige un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser.

 2.2 Moral cristiana
2.2.1.   La ética y los principios morales    
En ningún tipo de educación pueden estar ausentes los principios morales. Entre los valores permanecen aquellos que han sido puestos a prueba a lo largo de su difícil y dolorosa historia. La sociedad entera practicó los valores de la solidaridad y la responsabilidad; hay otros que se mantienen en pie como son los valores de la dignidad humana y la tolerancia, en contraste con el hedonismo, la mercantilización de los bienes espirituales, la xenofobia y el racismo que corroen a algunas sociedades.
La moral surge cuando el hombre deja su naturaleza puramente natural y adquiere una de carácter social, cuando forma parte de una colectividad. La moral y la religión tienen una relación en la medida que puedan coincidir, en esta medida, las religiones se preocupan por moralizar al hombre. Se puede decir que las religiones contienen implícita o explícitamente un código moral. Los valores morales surgen en el seno de la familia y son expresión de la moral social; son valores como el respeto, tolerancia, honestidad, lealtad, trabajo, responsabilidad entre otros.
Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en la vida del ser humano como ser los padres, hermanos, parientes, amistades y grupos e individualidades que tienen alguna ascendencia en su vida.
La ética es a la moral lo que la teoría es a la práctica; la moral es un tipo de conducta, la ética es una reflexión filosófica. Si por moral hay que entender el conjunto de normas o costumbres (mores) que rigen la conducta de una persona para que pueda considerarse buena, la ética es la reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué se fundamentan los denominados juicios morales. Desde el punto de vista de la moral, hay que tomar una decisión práctica; desde el punto de vista de la ética, ha de formarse la conciencia en el hábito de saber decidir moralmente. En ambos casos, se trata de una tarea de fundamentación moral.
La ética se encuentra con una experiencia histórico-social en el terreno de la moral, o sea, con una serie de morales efectivas ya dadas, y partiendo de ellas trata de establecer la esencia de la moral, su origen, las condiciones objetivas y subjetivas del acto moral.
2.2.2.   Ética cristiana
El advenimiento del cristianismo en el mundo grecorromano implicó una revolución en las normativas éticas que por entonces gobernaban el pensamiento de los hombres. Cuando Pablo visitó Atenas fue atentamente escuchado por representantes de dos escuelas enfrentadas: los epicúreos y los estoicos.
A partir del libro de los Hechos observamos que la lucha constante de los apóstoles fue que los principios éticos establecidos por Jesús y las Escrituras fueran respetados en las Iglesias de Cristo. Con cuanta vergüenza e indignación el apóstol Pablo reprochó a los hermanos de Corinto por permitir en su seno un caso de inmoralidad tal que hasta entre los paganos hubiera sido mal visto (1 Co.5:1). Otro ejemplo de los elevados principios difundidos por el Nuevo Testamento consta en los requisitos impuestos a los ancianos de la congregación. El énfasis era puesto en la conducta irreprochable que les debía caracterizar. Sólo hombres intachables podrían enseñar a guardar los mandatos de Dios.
La ética cristiana descansa sobre la revelación Biblia acerca de la naturaleza, la justicia y el amor de Dios. Su grandeza se debe a la inmensidad de Dios. Fundamentar normas de conducta prescindiendo de Dios sólo conduce al desenfreno. 
La dignidad del hombre descansa, según la Biblia, en el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Su miseria en haber caído en el pecado. Estos son dos puntos fundamentales de la doctrina bíblica brindan un sustento primordial a la ética cristiana. 
2.3 Moral individual y moral social
2.3.1.   La ética y los códigos deontológicos         
El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, ya que es fundamental para lograr una armoniosa interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido el respeto debe ser mutuo y nacer de un sentimiento de reciprocidad.
La deontología se refiere a un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también bajo el nombre de “teoría del deber” y, al lado de la axiología, es una de las dos ramas principales de la ética normativa.
Los primeros códigos deontológicos se aplicaron después de la segunda guerra mundial luego de ver las atrocidades que los profesionales de la salud (médicos principalmente) aplicaban con las personas justificándose en el ejercicio de la investigación, pero que tampoco tenían ningún tipo de regulación ni control, es así como durante la guerra fría se comienza a estudiar y aplicar la deontología en Europa.
Existe otra rama, denominada Teleología, que define el obrar éticamente como aquella actitud o comportamiento que contempla el bien para la mayoría, determinando qué es correcto y qué no lo es en función del resultado a alcanzar, pues la Teleología es el tratado sobre el fin, de ahí que el fin último solo es correcto en cuanto sea un bien para todos, sin distinción alguna, ni acepción entre las personas.
2.3.2.   Ética y virtudes.
Cómo hacer bien y a quién, es la verdadera cuestión ética. Nuestro encuentro con Dios no se realiza en la iglesia solamente, sino en la vida cotidiana y el Espíritu Santo no es controlable. Nos afecta la conciencia decidiendo, trabajando, y nos interesa su función más que la facultad. “Hay que decir la verdad”, “hay que respetar la vida” es una máxima pero no regla. Las acciones son buenas o malas según si esas acciones ayudan o perjudican. Pero a veces lo que es bueno en un caso puede ser malo en otro, según las circunstancias.
CONCEPTO DE VIRTUD
·         La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien”.
·         “La virtud es un hábito operativo bueno”.
El concepto de virtud entraña dos cosas:
·         un “hábito” y, por tanto, una constante disposición para ejercer el bien.
·         que ese hábito sea sólido, o sea “firme”.
Diferencia entre virtud y costumbre: 
·         La costumbre puede ser rutinaria. Un mero reflejo corporal o psicológico
·         La virtud es buscada, y en adquirirla se vuelca la persona entera.
·         La costumbre se repite de modo casi mecánico.
·         La Virtud empeña la persona en cada acción.
·         La costumbre puede incluir un vicio o habito operativo malo.
·         La virtud sólo incluye hábitos buenos al actuar
Importancia  de la virtud  en la teología Moral
-          Suponer una opción fundamental  por Dios
-          Nos facilita  alcanzar  una existencia cristiana
-          Nos facilita el ejercicio  de la libertad
-          Impide  que la persona  se  deje  llevar  por la espontaneidad  y el actuar  instintivo
-          Ayuda a la persona  adquirir la perfección que le corresponde
-          Nos distancia  de la carga  de malicia  y la debilidad  que conlleva  el cometer pecado
    
Según la ética deontológica, el sentido del deber caracteriza al yo responsable. Pero ante los dilemas morales el yo responsable debe actuar en base a la libertad. Hay que admitirla como necesaria. Si no existiera la libertad, el hombre no podría ejercitar la voluntad y cumplir el deber, por lo tanto, no existiría la acción moral. Debe saberse que el bien supremo se realizará en otra vida, no en esta, pero en esta, es necesario buscarlo. Para ello, es necesario admitir la existencia de Dios, porque necesitamos de un ser que pueda ejemplarizar la moralidad perfecta y conceder la felicidad suprema, inalcanzable para el hombre sin la gracia divina.
2.3.3.   Virtudes humanas y teologales
VIRTUDES NATURALES: o adquiridas, llamadas tambien virtudes humanas. Pueden dividirse en intelectuales y morales, clásicas o cardinales.
VIRTUDES SOBRENATURALES: También denominadas infusas, porque no  se adquieren mediante el esfuerzo humano sino que son dadas por Dios. Son las llamadas virtudes teologales. Los dones del Espíritu Santo son también infusos.

Hay dos clases de virtudes: las virtudes humanas o morales y las teologales o sobrenaturales
Las virtudes humanas, llamadas también virtudes morales, son disposiciones estables del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe.
·         Las virtudes humanas se denominan también “adquiridas”, pues se adquieren mediante el esfuerzo humano, siempre bajo el impulso de la ayuda divina.
·         Regulan los actos mediante el dominio del instinto y los hacen coherentes con la naturaleza racional de la persona.
·         Dan a la persona un equilibrio y una disposición para obrar el bien y evitar el mal
¿Cuáles son estas virtudes humanas?
·         La prudencia es la virtud que dispone de razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo.
·         La justicia es la virtud que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.
·         La fortaleza es la virtud que asegura la firmes y la constancia en la práctica del bien, aun en las dificultades. La templanza es la virtud que modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados.

¿Cuáles son las virtudes teologales? Las tres virtudes teologales son infusas por Dios en nuestra alma: Fe, esperanza y caridad.
·         La fe es la virtud teologal por la cual creemos en Dios, en todo lo que Él nos ha revelado y que la Santa Iglesia nos enseña como objeto de fe.
·         La esperanza es la virtud teologal por la cual deseamos y esperamos de Dios, con una firme confianza, la vida eterna y las gracias para merecerla, porque Dios nos lo ha prometido.
·         La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios, con el amor filial y fraterno que Cristo nos ha mandado.
Problemas ético morales actuales. Un tema actual y preocupante es del derecho a la vida estamos haciendo referencia ni más ni menos que al derecho más primordial con el que cuenta todo ser humano (y también todo ser vivo) a vivir, desde el mismo momento en que comienza a existir o a tomar forma (es decir, independientemente de que haya nacido o no). El derecho a la vida es uno de los derechos de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, por lo cual respetar y cumplir en todos los casos con él es de suma importancia para el bien de la sociedad.
LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE dice al respecto como antecedente: Los cambios que se han producido son, en efecto, notables y de diversa índole. Se trata, ante todo, del rápido desarrollo demográfico. Muchos manifiestan el temor de que la población mundial aumente más rápidamente que las reservas de que dispone, con creciente angustia para tantas familias y pueblos en vía de desarrollo, siendo grande la tentación de las autoridades de oponer a este peligro medidas radicales. 
Añade que “el matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas”.
La Iglesia, sin embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial (quilibet matrimonii usus) debe quedar abierto a la transmisión de la vida y señala concretamente en el artículo 14 que “debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente procurado, aunque sea por razones terapéuticas”.
2.3.4.   Problemas ético morales actuales
La eutanasia. Tradicionalmente se ha planteado el problema de la eutanasia como un conflicto entre la vida como un valor en sí o un valor subordinado a ciertas condiciones mínimas de bienestar —resumidas en conceptos como “calidad de vida”, “vida digna” o “vida humana” —, es decir, entre lo que podría llamarse el valor absoluto de la vida o valor subordinado de la vida. 
Asimismo, también se le ha planteado como un conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la libre decisión. Para dirimir hasta qué punto el conflicto de valores y derechos es relevante para ofrecer una solución al problema, es necesario distinguir las varias formas en que puede tener lugar la eutanasia, a saber:
1.      Eutanasia voluntaria (manifestación explícita del paciente de su deseo de morir).
2.      Eutanasia involuntaria (falta de la manifestación explícita del deseo de morir por parte del paciente.
3.      Eutanasia activa (provocar la muerte por el agente).
4.      Eutanasia pasiva (dejar morir al paciente).

El término eutanasia viene de eu thánatos: bien muerte, buena muerte, morir bien. Sin embargo, tiene un significado más específico que es procurar la muerte sin dolor a aquellos que sufren. Este significado es muy amplio y aquí entrarían desde el asesinato al niño que nace disminuido hasta la colaboración en el suicidio de alguien que sufre, desde la eliminación del anciano hasta la abstención del tratamiento para no alargar una agonía sin esperanza. Cada uno de estos casos recibiría un juicio ético distinto; pero cuando uno escucha debates o lee nuestros periódicos ve que hay una confusión de ideas bastante grande.
¿Qué dice la iglesia frente a esta corriente?
La eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio.
Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala...Bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: “Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir”.

-          El aborto
-          Matrimonio entre personas del mismo sexo
-          La clonación humana
-          La prostitución
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UNIDAD III TEMA 3 DICTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

TEMA N° 3 DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA 3.1. La misión del creyente frente a las estructuras de poder 3.1.1. La religión en la pol...